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no sólo manteniéndonos vivos sino dándonos una buena calidad de vida.

Es gracias al Cerebro Iluminado que somos capaces de proponernos metas a largo plazo, manteniendo la atención en perseguir nuestros objetivos y aplazando las recompensas con el fin de llegar a ellos. Podemos evaluar opciones y planear el mejor curso de acción mientras se aprende de los errores. El Cerebro Iluminado traduce los sentimientos del Cerebro Cavernícola en palabras y emociones reconocibles.

Por ejemplo, es en el Cerebro Cavernícola donde se experimenta el placer de comer chocolate, pero es el Cerebro Iluminado el que nos dice ¡Realmente me gusta el chocolate!

El Cerebro Iluminando es también donde existe la consciencia de nuestra Conexión espiritual con un poder supremo. Esta área del cerebro alberga el entendimiento y el sentido de empatía, nuestra capacidad para interactuar positivamente con los demás y sentir compasión.

Esta parte relativamente nueva de nuestro cerebro (inteligencia evolutiva), es lo que nos distingue del resto de los animales y es lo que nos hace buscar el significado de la vida.

Esto nos permite reconocer nuestra propia existencia, que a su vez nos lleva a reconocer las existencias de los demás y finalmente a sentir la Conexión, primero con nuestros creadores, luego con nuestra familia, después con nuestra comunidad y el exterior, hasta que finalmente comprendamos nuestra Conexión con la vida.

Mientras que nuestra consciencia y necesidad de Conexión con los otros y con la vida es conocido por nosotros a través de esta parte de nuestro cerebro, el Cerebro Iluminado también está codificado en nuestra supervivencia a través del Cerebro Cavernícola.

Desde que estamos en el útero estamos Conectados con nuestras madres y necesitamos de esa Conexión para sobrevivir. Cuando nacemos, desarrollamos la necesidad de construir más Conexiones, no sólo para nuestra supervivencia física sino también para nuestra salud emocional.

Las investigaciones han demostrado que los bebés que no  son abrazados o no se han nutrido correctamente pueden crecer con dificultades para relacionarse con los demás, lo que se manifiesta en muchas dimensiones, yendo desde la incapacidad de hacer amigos, hacia una incapacidad para desarrollar y mantener una relación íntima. Todo apuntando hacia un camino de conducta criminal.

Este miedo a la intimidad o a la Conexión es una respuesta condicionada a las circunstancias de la vida.

También hay una interesante investigación que demuestra el Shut Down o bloqueo de la emoción cuando un padre se Desconecta, aunque sólo sea por unos minutos. El estudio (que utiliza el paradigma de Still Face de Edward Tronick) tuvo una madre de cara a su bebé interactuando con sonrisas y arrullos, y mientras se producía esto su niño respondió igual. Luego la madre volteó la cara y no respondió ni a las sonrisas ni a los sonidos de angustia del bebé. En menos de dos minutos, el niño perdió todo el afecto (la manifestación externa del estado de ánimo) y se mostró apático a todo.

En el estudio la madre rápidamente vuelve a tomar contacto con el bebé y este recuperó su energía y entusiasmo ¡Imagine las consecuencias para el niño si su madre no hubiera restablecido el contacto!

Otra serie de experimentos realizados por Harry Harlow entre 1957 y 1963 utilizó al mono rhesus para la observación. Harlow separó a bebés mono de su madre y los puso a cada uno de ellos en una habitación, con una pseudo-mamá mono fabricada de alambre que tenía una botella de leche amarrada y otra hecha de felpa suave muy agradable, pero sin leche. También realizó los experimentos con monos de felpa que proporcionaban leche. Durante la investigación los monos fueron aislados, ya sea con una fuente de alimento o una fuente de comodidad. En todos los casos Harlow observó que el mono bebé se aferró a la madre fabricada de felpa, incluso a aquella desprovista de leche, corriendo hacia ella cuando un estímulo externo lo aterrorizaba.

Esos monos, al madurar, tenían la capacidad para relacionarse y juntarse con otros monos. En cambio, los monos bebés que tuvieron alimento pero sus pseudo-mamá no eran agradables, crecieron con un carácter antisocial e incapaz de relacionarse.

Esto es lo mismo que pasa con nosotros a lo largo de nuestras vidas. Estamos condicionados a responder a los estímulos y este aprendizaje tiene lugar en el Cerebro Cavernícola.

Por ejemplo, si un niño está llorando porque tiene hambre o está mojado, y uno de sus padres lo carga inmediatamente, lo alimenta y lo cambia, el bebé se sentirá seguro y confortado; en cambio, si los padres dejan al bebé llorando solo, él asociará los sentimientos de incomodidad y angustia con el estar solo y Desconectado.

El Cerebro Iluminado del bebé adoptará esa condición y tratará de encontrarle un sentido buscando una razón y lógica en ello, pero como él no tiene el contexto para hacer esto (porque el niño no tiene experiencia de la vida), va a crecer con la idea de que el mundo no es seguro, que no es amado ni deseado y que sus necesidades nunca serán atendidas. El niño aprende a temer relacionarse con otros porque las personas que a él le importan no son amables ni adorables.

La adicción puede desarrollarse cuando alguien se da cuenta de que él o ella puede escapar del dolor (a menudo experimentado inconsciencia) al no sentirse Conectado y al no tener apegos íntimos.

Algunos comportamientos, ya sean drogas, juegos de azar, compras, comer, sexo, trabajo o video juegos, brindan placer, calma y comodidades y pueden incluso dar una sensación de poder o competencia a ese niño interior que se quedó solo.  Pero con el tiempo estas conductas nunca serán suficientes, pues ellas no tratan realmente la causa subyacente del dolor, convirtiéndose en la “droga” que se busca en un esfuerzo recurrente para auto medicarse.

¿Qué pasa con nuestro cerebro cuando nos volvemos adictos?

En la década de los 80’, cuando la cocaína estaba extendida en los clubes y la escena social, las personas de la época dirían que no era adictiva porque no había un fenómeno físico acompañando de un síndrome de abstinencia, como lo había con el alcohol o la heroína. Entonces descubrimos a través de la tecnología de imágenes cerebrales que la adicción a la cocaína si es real, y mediante una mejor comprensión de cómo funciona el cerebro hemos ampliado nuestra definición de la adicción y podemos comprender mejor cómo podemos llegar a ser adictos a cualquier cosa.

Podemos ver fácilmente la tolerancia (habilidad y necesidad para ingerir más de la sustancia para alcanzar el mismo efecto), en el comportamiento de las personas que nos rodean o en nosotros mismos, como en la tolerancia al tabaco o al alcohol.

Muchos de nosotros podemos recordar los efectos del primer trago que tomamos o la primera vez que fumamos un cigarrillo, y de pronto nos acordamos que muy rápido necesitábamos un cigarrillo entero o un par de cervezas para sentirnos bien. Hasta que finalmente llegamos a necesitar un paquete de cigarrillos y una jaba de cerveza para el mismo efecto. Nuestros cuerpos y cerebros se acostumbraron a la sustancia y entonces para sentir los efectos reales, necesitábamos más de ella.

A través de los medios de comunicación, de películas como 28 Days o de los reality shows que siguen a las personas en programas de rehabilitación, podemos ver los síntomas del síndrome de abstinencia a dichas sustancias como cuando un adicto a la heroína experiencias náuseas, sudoración, diarrea u otros signos parecidos a la gripe.

Los alcohólicos experimentan DTs o delirium tremens, cambios neurológicos o mentales los cuales son alucinaciones y temblores que afectan a personas que dejan de beber luego de haber sido dependientes al alcohol por años. En etapas avanzadas el alcohólico comienza a manifestar el síndrome de abstinencia cuando el adicto está durmiendo y se despierta en la mañana con las manos temblorosas.

También podemos observar la tensión o la agitación que se produce cuando nosotros o alguien que conocemos quiere un cigarrillo.

Estos son síntomas fisiológicos de la tolerancia y del síndrome de abstinencia, los cuales constituyen la base de la dependencia. Pero ahora los investigadores están aprendiendo acerca de los procesos químicos que ocurren en el cerebro cuando alguien se convierte en adicto a otras sustancias o incluso a comportamientos.

La adicción es sobre estimulación, y la estimulación puede provenir no sólo de drogas como la cocaína sino también del sexo, de los juegos de azar, de los juegos de computador, adicción a enviar mensajes de texto, al estrés, a la ira y al trabajo. Estamos expuestos a estímulos durante todo el día, desde todas las direcciones que podamos imaginar.

Al igual que el hombre de las cavernas fue altamente estimulado al enfrentarse al peligro de tener que luchar y huir, el hombre moderno (y la mujer) están bajo tensión durante todo el día al recibir los estímulos de una vida altamente estresante.

Nuestros cerebros reciben señales externas y entonces liberan una variedad de químicos (tales como dopamina, norepinefrina, encefalinas y adrenalinas), los cuales causan los efectos fisiológicos de excitación y placer.

¿Cómo estos químicos afectan tu cerebro?

El químico que nos preocupa más en la adicción es la dopamina, y la forma en que funciona es la siguiente: El cerebro está compuesto de neurotransmisores (emisores) y neuroreceptores (receptores). Es simple, los neurotransmisores captan una señal de uno de nuestros cinco sentidos o de un pensamiento interno, (ir de vacaciones o dar un examen) y la envían al neuroreceptor, el cual activa una repuesta basada en el tipo de señal que ha recibido.

Por ejemplo, cuando nuestros nervios son estimulados por el placer como en la actividad sexual, los neurotransmisores liberan dopamina hacia los neuroreceptores y estos desencadenan una sensación de placer. Esta respuesta es programada en el sistema límbico, que hace la asociación entre la actividad sexual y la sensación de placer. Después de que esta asociación se ha repetido cierto número de veces, entonces sólo el pensar en la actividad sexual puede causar una sensación de placer. Esto se llama “acondicionamiento”.

De esta forma, el Cerebro Iluminado usa la lógica y la razón para crear un sentido de experiencia y proporcionar una interpretación cognitiva como "Me encantó porque mi pareja me hizo sentir muy bien", "Soy un semental" o incluso "Me siento bien masturbándome por mi cuenta y no necesito a nadie".

Pero volvamos al sistema límbico y al Cerebro Cavernícola. El sistema límbico tiene millones de años de edad y no es fácil cambiarlo. Se esfuerza por mantener el statu quo y tomará todas las medidas para hacerlo. Por lo tanto, cuando una persona es estimulada a un mayor grado que lo que el cerebro considera normal, lo cual es evidenciado por una mayor transmisión de dopamina, llegará un momento en que el cerebro desconectará los neuroreceptores para que la cantidad de placer permanezca estable.

Además, la dopamina normalmente es reciclada en el cerebro, pero una vez que el cerebro comienza a adaptarse a los nuevos niveles de estimulación, la dopamina deja de reciclarse, por lo que hay menos disponibilidad para la transmisión.

Por ejemplo, si una persona juega en la computadora una vez al día y luego comienza a hacerlo varias veces al día para sentir el mismo grado de placer con más frecuencia, los receptores comenzarán a cerrarse, lo que llevará a una reducción del placer con el paso del tiempo. Puesto que la persona espera experimentar el mismo nivel de placer, él o ella seguirán tratando de mejorar la experiencia  jugando más a menudo y comprando juegos más sofisticados. Para muchas personas esta actividad no es sólo para generar placer sino también para escapar, y es ahí cuando el patrón adictivo está firmemente establecido.

Todos tenemos algo de lo que quisiéramos escapar -aburrimiento, frustración, malas relaciones, o recuerdos dolorosos- usted mismo puede aumentar esta lista. La adicción puede ocurrir cuando nosotros tomamos una sustancia adictiva en grandes cantidades durante un largo período de tiempo, o cuando una sustancia se ha mejorado para proporcionar una mayor estimulación en un lapso de tiempo más corto. El primero es un camino más difícil para convertirse en adictos, en cambio este último es mucho más fácil y es así como la mayoría de la gente hoy en día se convierte en adicta.

Piense en esto. Cuando los campesinos en Inglaterra estaban bebiendo cerveza barata, si, podían volverse alcohólicos, pero sólo después de años de beber mucha cerveza barata. En cambio, en Londres la gente más pobre de los barrios urbanos tenía acceso a la ginebra, una bebida mucho más potente la cual hacía que estas personas se volvieran alcohólicas con mayor facilidad y con terribles consecuencias.

Esto se debe a que el campesino rural podía emborracharse los sábados en la noche, pero sabía que tenía que trabajar seis días a la semana en el campo y por eso no podía darse el lujo de gozar de su adicción cuandoquiera. Al contrario, el pobre en la ciudad tenía más tiempo libre para disfrutar de sus malos hábitos y estaba más propenso a involucrarse en actividades delictivas. Por otro lado, los ricos, aun  teniendo acceso a un buen licor gracias al tiempo de sobra para gozarlo, al empezar en ese camino estaban igual de propensos a volverse alcohólicos que los pobres.

Las adicciones que vemos hoy en día son principalmente el resultado de sustancias que están siendo mejoradas con el objetivo de dar una mayor estimulación. El tabaco fue consumido por los nativos americanos por siglos sin prácticamente ningún efecto perjudicial para la salud, pero con la llegada de los europeos, de repente nos vimos fumando Marlboros a escondidas y haciéndonos adictos a este tipo de cigarrillos mucho antes de haber ni siquiera terminado el colegio.

Sabemos tanto de la gran cantidad de demandas judiciales ganadas en contra de las compañías tabacaleras, como de los empeños de estas por mejorar los efectos del tabaco para captar más clientes. (Una de las grandes ironías de este producto es que muchos de los ejecutivos de estas compañías, en el afán de demostrar la seguridad de sus productos, se vuelven adictos y víctimas de cáncer pulmonar y enfisema).

Otra de las drogas que significativamente ha sido mejorada con el pasar de los años es la cocaína. Las hojas de coca durante mucho tiempo fueron masticadas por los nativos de las aldeas, al igual que el consumo de su té para ayudarles a soportar el estrés de la altura y las condiciones de pobreza en que han vivido. Sin embargo, el procesamiento de la hoja de coca en polvo blanco conocido por nosotros como cocaína, hace que sus propiedades estimulantes estén enormemente mejoradas.

Además, la forma de polvo permite que el fármaco se ingiera ya sea por vía nasal o por vía intravenosa, lo que significa que va a llegar al cerebro mucho más rápido que al comer o beber. Los efectos también duran menos tiempo, ya que la droga es capaz de entrar en el torrente sanguíneo en su totalidad y no a través del proceso lento de ser absorbida por el estómago.

Lo que todo esto significa es que la persona inhalando cocaína siente una tremenda ráfaga de estimulación y euforia a los pocos minutos de la inhalación, y siente la intensidad total del medicamento de una vez, pero los efectos desaparecerán en unos veinte minutos dejando al dependiente mucho más ansioso que antes. De esta forma los adictos a la cocaína pasan rápidamente a las grandes cantidades de droga y de dinero en poco tiempo, y esta es la razón de por qué se vuelven adictos en pocos meses.

Compare esto con el alcohol. Cuando una persona bebe una cerveza o un coctel, el alcohol es absorbido a través de las paredes del estómago junto con cualquier otra cosa que allí se encuentre, así que la velocidad de absorción es variable, pero tomará muchos minutos para que los primeros efectos puedan sentirse. Además, sólo el hígado puede limpiar el alcohol a partir de la corriente sanguínea y lo hace a una velocidad de aproximadamente una onza por hora. A medida que el alcohol continúa para ser absorbido durante un período de tiempo, el tope del efecto se prolongará. De este modo, una persona que ha consumido varias bebidas puede esperar sentir el efecto por varias horas.

Se debe invertir mucho tiempo bebiendo para volverse un alcohólico. Y aunque conocemos muchas personas que lo hacen, es algo que toma tiempo.

En conclusión, cuán rápido un individuo se vuelva un adicto dependerá de la concentración de la sustancia, de su velocidad para llegar al cerebro y de la rapidez de la eliminación.

Entonces, ¿cómo puede alguien convertirse en un adicto cuando no hay sustancia que ocasione la estimulación?

 Addict America graph

Echémosle un vistazo a nuestro hombre de las cavernas. Él no come, no bebe, no inhala ni se inyecta ninguna sustancia. Un evento externo activa las sustancias químicas en su cerebro para ser liberadas y así sentirse poderoso. Él experimentó una elevación natural o natural high, que es lo que sentimos durante una estimulación de euforia provocada por el ejercicio, el amor, o la presencia de un tigre dientes de sable. Buscamos estimulación incluso de lo que podríamos calificar como un evento negativo, ¿cuántas veces ha escuchado a alguien decir que trabajan mejor bajo presión?

Mira el número de personas que acuden a ver películas de terror ¿Y que hay de los amigos que siempre se quejan de que no pueden encontrar una pareja ideal, pero van de una relación dramática a otra? Todos tenemos un estado anímico referencial más conocido como baseline, es un estado donde no nos sentimos ni bien ni mal, ni felices ni tristes, ni despiertos ni deprimidos. Este es un estado neutral desde donde nuestro sistema límbico mide el grado de placer o depresión.

Cuando hay algún estímulo externo, nuestro humor cambia. La estimulación es simplemente algo que sucede y que desencadena una respuesta. No tiene ni cualidades negativas ni positivas en sí misma, sólo activa una respuesta química en nuestros cerebros que puede ser modificada por pensamientos o creencias asociadas con ello.

Por ejemplo, yo puedo estar caminando por la calle y veo a una persona que camina hacia mí. Este es el evento de estimulación o activación. Mi respuesta estará basada en una variedad de factores: ¿Conozco a esa persona?, ¿me cae bien o mal?, ¿no la conozco y siento miedo?, ¿se ve amigable?, ¿no me preocupa? La creencia o pensamiento que tenga sobre ese evento determinará la respuesta.

Podría sentir tranquilidad, alegría, miedo o un sinnúmero de otros sentimientos. Esta estimulación causará más de un desequilibrio en mi estado anímico referencial. Y a medida que el estimulador retroceda, mi estado de ánimo volverá a la línea de base original.

El Cerebro Cavernícola reconoce la estimulación con cualquier sustancia química liberada (dopamina, adrenalina, etcétera), y el Cerebro Iluminado va a interpretar la estimulación como placentera o de otra manera.

Imagínese teniendo sexo y experimentando un orgasmo (siga, tómese su tiempo). El nivel de placer y excitación crecerá rápidamente y en un minuto regresará al normal (baseline). Si regresamos en el tiempo a las actividades diarias, sentiremos placer al recordarlas. Cualquier evento que estimule, ya sea un recuerdo o la anticipación a este, va a causar que nuestro estado de ánimo se eleve de su nivel de referencia. Al contrario, la ausencia de estimulación causa depresión. Una caída emocional debajo del nivel de referencia, dando como resultado sentimientos de apatía, aburrimiento y tristeza.

El consumo de drogas provoca fluctuaciones extremas en el estado anímico referencial. Inhalar cocaína va a causar una elevación, un repunte tan fuerte que resulta un shock, causando un sentimiento de chapuzón antes de regresar a la normalidad.

Como un ejemplo de cómo las drogas afectan el estado anímico referencial, vamos a hacer un gráfico que da una asignación numérica de los estimuladores.

Note el contraste entre un estimulante natural (como un orgasmo en una relación íntima), con uno artificialmente mejorado (como las metanfetaminas).

Como se puede ver, es el ansia de mejorar el estimulante lo que causa en realidad la adicción.

A medida que el sistema límbico se esfuerza por mantener el equilibrio y hacer frente a la estimulación extrema o la excitación causada por la cocaína o la metanfetamina, el cerebro apagará los neuroreceptores que reciben el estímulo en un esfuerzo por mitigar el efecto.

Por lo tanto, la persona necesitará más de la droga o más estimulación para lograr el mismo efecto. Como el cerebro intenta adaptarse, el nivel de referencia se eleva, resultando en un shock profundo y en consecuencia una baja sostenida en el estado de ánimo. Ya que el nivel de referencia se ha elevado, el adicto necesitará de droga solamente para sentirse normal y si no la tiene, experimentará una severa depresión de su estado de ánimo. Finalmente, la línea de base es tan alta que el adicto requerirá el fármaco sólo para sentirse normal y experimentará depresión severa sin no lo consume.

El proceso de adicción es lo que llamamos una adicción a un comportamiento como el sexo, los juegos de azar o comprar. Una persona comienza a elevar el nivel de estimulación, causando con esto que el nivel de referencia también se eleve y empiece a desarrollarse la tolerancia. Cualquier estimulación menor, abajo del nivel de referencia, es interpretada como depresión. La persona se vuelve ansiosa, irritable y ansía la estimulación que permitirá que se sienta normal y le ayudará a alcanzar un nivel de placer que va aliviar su dolor.

Algunas personas, incluyendo terapeutas  y psicólogos, dicen que los procesos de adicción son un mito, que el sexo, por ejemplo, es un comportamiento natural que puede ser compulsivo, pero que cualquier intento por llamarlo adicción es únicamente una excusa para juzgarlo. Sin embargo, a partir de lo que sabemos sobre los neurotransmisores de dopamina y sus receptores, esto no es cierto. Comportamientos sexuales específicos, así como otros comportamientos que son obsesivo compulsivos y fuera de control, son tan adictivos como la cocaína y el alcohol.

Además, con la tecnología de formación de imágenes del cerebro como la tomografía de emisión de positrones (PET) y la tomografía computarizada de emisión de fotón único (SPECT), se puede ver cómo el uso de drogas estimula las vías de gratificación del cerebro (dopamina) y cómo, cuando la droga se retira, la actividad disminuye a un nivel que deja al consumidor en un estado de depresión, irritabilidad y experimentando un deseo vehemente por el fármaco.

Estos análisis también pueden mostrar cómo con el paso del tiempo, se reduce el metabolismo cerebral. Las tecnologías más nuevas de imagen cerebral pueden exactamente identificar cuáles secciones específicas del cerebro no funcionan óptimamente y saber exactamente qué funciones se ven afectadas, por ejemplo, la memoria, el discernimiento, etcétera.

Gracias a recientes investigaciones en la actualidad podemos ver el proceso durante la adicción. La PET o SPECT puede escanear el cerebro de un adicto al sexo, a la comida o a los juegos de azar y mostrará el mismo tipo de actividad como si fuera un escáner realizado a un adicto a la cocaína.

Menos notable pero importante de ser mencionada es la adicción por estimulación causada por nuestro medio ambiente: Internet, trabajo, tráfico, todo aquello que recibe nuestro cerebro constantemente sin ningún tipo de descanso. Tratando de enfrentar esta situación, el nivel de referencia se incrementa y de repente nosotros mismos nos damos cuenta que necesitamos más de aquella estimulación para sentirnos bien. A tal punto, que sin ella nos sentimos deprimidos, ansiosos, inquietos y apagados. Es así que salimos en busca de más estimulación, quejándonos al mismo tiempo de que no podemos relajarnos.

Adicción a la Comida.

Sin duda, este estudio no sería completo si no exploráramos la adicción a la comida, que abarca tanto la sustancia como los procesos adictivos, puesto que el azúcar es una sustancia adictiva. La persona come compulsivamente para apaciguar su dolor y llenar los vacíos, para luego sentir una sensación de vergüenza como con el sexo, el juego o las compras.

El azúcar es otra sustancia natural cuyas propiedades se han mejorado y el placer se ha intensificado a través de la creación de alternativas como el jarabe de maíz de alta fructosa, o los endulzantes artificiales. Como se habrá imaginado, el azúcar estimula la transmisión de dopamina. Los endulzantes artificiales pueden ser trecientas veces más dulces que el azúcar regular, lo que da como resultado en el cerebro una fuerte alza del nivel de referencia para mantener su statu quo ¿Le suena familiar?

Esto significa que cuando bebe una gaseosa dietética usted está produciendo un proceso adictivo en su cerebro, el cual en realidad le hará desear mucho más azúcar.

No olvide que también recibimos azúcar al ingerir carbohidratos en el pan o las pastas, entonces usted los deseará tanto como si fueran pastelitos o gaseosas.